¿ESPERAS DE ÉL JUSTICIA O MISERICORDIA?

Llegamos al domingo XXXIV del tiempo ordinario que coincide con el último domingo del ciclo litúrgico, en el que celebramos la fiesta de Cristo Rey, es decir, Jesucristo Rey del Universo. El siguiente domingo comenzaremos el tiempo de Adviento.

Pero las lecturas de hoy, más que hablarnos del Rey, nos hablan de dos figuras que son propias también de la función real, pero que son dos funciones diferentes. Nos hablan de Jesús como Pastor: en el salmo, ‘El Señor es mi pastor’, ese que hemos rezado tantas veces y que tanta paz nos da, y en la primera lectura, en la que el profeta Ezequiel nos habla de un pastor siempre pendiente de dar lo mejor a sus ovejas. El Buen Pastor es aquel que conoce a sus ovejas, que conoce a su rebaño, que las cuida, que las mima, que las acompaña.

Y el Evangelio es el que conocemos como el ‘Juicio final’, de San Mateo. Y ahí, lo que tiene que quedar claro es que lo que se valora en la vida de las personas, desde la óptica de Dios, es lo que pongamos al servicio de los demás, lo que atendamos a los demás, sobre todo, de manera especial, a los más necesitados. A los pobres, a los enfermos, a los ancianos. Atravesamos un momento muy concreto en nuestra vida reciente, porque este año está siendo especialmente duro para los más débiles. Es increíble la cantidad de gente que está empezando a pasar hambre, son muchas las familias que han tenido que vivir la pérdida de un ser querido, en las condiciones peores de aislamiento, de no poderlo acompañar. Son también muchas las personas que en las residencias de ancianos están sufriendo lo que me decía una religiosa mayor, lo que es el “infarto afectivo”, el “infarto de la soledad”.

Son muchos, pues, los motivos que tenemos en la vida para poner en práctica aquello que el Señor espera de nosotros, del servicio a los demás. Pero también, tiene el punto de vista del Dios que aparece como juez, el que nos va a juzgar. Y aquí sólo me gustaría deciros algo que se ha ido desvelando, ya desde Juan Pablo II, pero con Francisco más todavía: el tema de que nuestro Dios, es el Dios fundamentalmente de la Misericordia.

Yo os confieso, y creo que compartiréis vosotros, que yo prefiero que cuando me juzguen, me vayan a juzgar con misericordia más que con justicia. Siempre decimos la justicia es lo primero, pero no, es más importante la misericordia. Pero claro, si eso es lo que nos gustaría que hicieran con nosotros, es lo mismo que tenemos que hacer nosotros con los que nos rodean. Actuar siempre con misericordia.

Pues nada más. El próximo domingo será ya especial. Ya os acompañaré al escrito con un vídeo y os anunciaremos todo aquello que vamos a realizar en este tiempo de Navidad. Os adelanto el lema:

Sí, este año hay Navidad, y en la parroquia la podemos compartir.

Deseo de todo corazón que estéis atentos al mensaje de la semana que viene, y ahí os explicaremos todas las acciones que queremos compartir en este tiempo de Navidad.

Muchas gracias, un abrazo a todos.

P. Manolo Barahona, msc
Párroco

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